Etnografía de
objetos
Introducción: Sobre la infancia suelen pesar muchas preconcepciones universalizantes, como si se tratara de una etapa menor del proceso maduracional, casi un mundo aparte. Pero un análisis problematizado cuestiona semejantes simplificaciones. Mediante entrevistas semiestructuradas y cortos relatos sobre un objetos significativo (para cada participante), se busca:
1) Situar históricamente las infancias, para desnaturalizar el concepto.
2) Un abordaje crítico.
3) Una re-lectura de las infancias a partir de la bibliografía revisada.
Entrevistada 1 Catalina Arriaza.
Crecí en una casa atiborrada de objetos. En ella habitan cosas de hace
aproximadamente setenta años pues es la casa de mis abuelos maternos y de toda
su descendencia, así es que me encuentro con utensilios pertenecientes a mis
tíos, mi hermana, mi madre y – obviamente- a mis abuelos. Junto a ellos, también
perduran mis juguetes; muñecas, trazos de tela, prendas, diarios de vida y una
serie de cachivaches que evocan un sinfín de memorias.
Dentro de ellos hay uno que se sitúa como fiel testigo de mi niñez: una
cámara Canon Snappy V; cámara fotográfica análoga, que apareció a fines de los
años 80, y que llegó a mi casa en los 90 (década en la que nací) a retratar
nuestra vida, con la cual mi hermana y mis tíos se entretuvieron registrando bastantes
episodios de mi historia, por ende, tiene una significación importante para mí.

Hoy me percato de que la captura de momentos, del más variado tipo, fue
parte mi cotidianeidad de niña; la cámara fue un habitante más. Ya no me es
necesario acudir a los álbumes para rememorar mi infancia, me basta pensar en
la cámara y llegan muchas imágenes a mi mente acompañadas del contexto en el
que fueron tomadas. De más está decir, que la mayoría de ellas refieren a
juegos, pues esa fue mi infancia: un juego constante.
Sin embargo, existe una asociación a mis pataletas y llanteríos. Cuando
era pequeña y me hallaba en esta situación, mis tíos tomaban la cámara, me
enfocaban y ¡zás! Santo remedio; se acabó la pena: yo sonreía para la foto. No
es raro que en algunas imágenes aparezca chascona, con lágrimas en el rostro,
pero muy sonriente. En consecuencia, esta técnica fue utilizada en reiteradas
oportunidades con el fin de evitar escuchar mis berrinches.
A medida que fui creciendo me comencé a fascinar con este objeto, si en
un principio hacía de modelo, posteriormente anhelaba ser la fotógrafa. La
cámara era utilizada con mayor frecuencia los fines de semana y los veranos, ya
que mi tíos -quienes hacían de fotógrafos- trabajaban en la ciudad. Por ende,
durante su ausencia la cámara permanecía guardada en un botiquín adosado a la
pared, el que yo obviamente no alcanzaba. Cuando nadie estaba cerca yo me subía
a una silla y hurgueteaba el botiquín. La cámara yacía en su estuche negro, sigilosamente
la extraía procurando mover nada. Mientras la descubría, fui dilucidando cómo
accionarla, pero había un gran problema: el rollo. Si sacaba alguna foto, se
darían cuenta al revelarlo, algo- lógico- que aprendí en la práctica.
Si bien, más de una vez preguntaron quién había usado la cámara pues
salían fotos blancas, desenfocadas o de algo ajeno a su interés, me hacía la
lesa. En mi inocencia creía que los podía engañar. Durante aquellas
incursiones, más de una vez este artefacto se me cayó, casi me pillan
infraganti, entré en pánico por pensar que lo había averiado cuando era el
rollo el que se había acabado, y asimismo, olvidé dejarlo en su sitio…
Finalmente, acababan reprendiéndome y había quien estaba al pendiente para
sorprenderme con las manos en la masa.
Testigo de mis andanzas, objeto de mi deseo, un medio para echar a volar
la imaginación y un remedio para la frustración. Tantas significancias para un
objeto que puede parecer nimio a simple vista y que hoy está sobrevalorado, pero
que a mis ojos resulta fascinante.


Entrevistado 2 Dante Alberti Robles:
Escogí mi vieja consola de videojuegos PlayStation 2, el
modelo que tengo es plateado y lo recibí por parte de mi primo mayor con motivo
de mí cumpleaños séptimo (2007). El modelo que tengo es plateado y tiene un
poco de aspecto desgastado que refleja el uso frecuente que le di durante mi
infancia y adolescencia. La máquina era para mí un artefacto de la abstracción
que me transportaba a mundos imaginarios.
Solo había llegado a conocer el objeto por medio de
amigos y en visitas furtivas al cibercafé luego de haber pasado de comprar el
pan. Fue una gran emoción poder poseer una por mi cuenta.
En términos comparativos la consola funciona como un
reproductor DVD: Se le inserta un disco para que este proyecte imágenes de
video en una televisión conectada al artefacto; Con la estructural diferencia
de que este posee un control “Joystick” el cual permite una interacción
dinámica e instantánea la que varía dependiendo del juego en cuestión.
Compararía las sensaciones generales que tenia de
pequeño a la de ver una película por primera vez, cuando esta es lo
suficientemente buena como obra en si misma que inevitablemente nos inmerge en
su mundo. En la que usualmente nos proyectamos como su protagonista.
Si bien el paso del tiempo puede dejar un juego obsoleto
en sus aspectos técnicos (como las limitaciones técnicas) he probado algunos
títulos y me he percatado que en ellos se repite un patrón, una narrativa. De
modo muy similar al esquema del viaje del héroe.
Un juego que marcó una diferencia en cuanto a los esquemas
conceptuales genéricos presentes como vicio en cada medio de entretenimiento
(como puede haber en el cine y en la música) y que era la primera obra que
disfrute que se suscita a si misma como “de vanguardia” fue Shadow Of The
Colossus
En esta travesía encarnamos a un joven jinete espadachín
“wander” (del ingles vagabundo o viajero quien luchaba contra arcanos gigantes
de piedra a contrato de un oscuro dios “Dormin” a cambio de traer de vuelta a
la vida una princesa con un “destino maldito” llamada “mono” quien yace
fallecida nada más empezar el juego. El Dios nos advierte que el precio a pagar
es muy alto.
El juego tiene una ambientación y diseño de escenarios
místico, y que para mí es reminiscente de las culturas precolombinas, el
escenario principal es una pampa verde rodeada de montañas escarpadas como en
los Alpes.
Aspectos como la vibración del Joystick se
complementaban muy bien con los ataques y retumbes que las Colosas criaturas
todo condensado en una experiencia audiovisual y táctil (gracias a la vibración
y controles análogos que respondían de distinta manera según como los
pulsásemos).
Una vez cobrada la vida de los 16 colosos se desvelaba
un oscuro final en el que “wander” se convierte en un oscuro coloso, como los
que tanto se esmero en erradicar. Cada vez que matábamos a un coloso el aspecto
del personaje se iba oscureciendo ligeramente, por lo que el cambio era
paulatino y podía pasar desapercibido y tomarnos por sorpresa al final de la
aventura.
Retornábamos a la vida la princesa “mono” a costa de
nuestra propia corrupción y sin posibilidad de decir adiós.
Toda la experiencia fue alucinante para mi joven mente
puesto que el juego fue muy rompedor para la época. Su final me dejó un sabor
amargo y me desamparo en mis propios pensamientos infantiles durante días, sin embargo,
en retrospectiva me mostró que puede existir un valor intrínseco en los
videojuegos y el valor artístico que trae consigo la experimentación y la
vanguardia en todos los ámbitos del arte.
Pero fuera de
toda nobleza existen también aspectos oscuros en la experiencia total con la
consola, como por ejemplo cuando jugaba juegos que estaban destinado a un
publico con criterio y mayoría de edad. Me las afanaba como podía a escondidas
de mi madre y supervisión adulta para probar aquellos títulos más sombríos con
temas como la violencia, el uso de drogas, lenguaje vulgar y humor negro entre
otros. Para mí se me hacía de lo más injusto tener que resignarme a no jugar,
cuando se me permitía ver películas que mostrasen ese tipo de temas, como si de
ellas escapasen un valor moral superior al que pudiese extraer de una
experiencia interactiva. Claro que no comprendía a cabalidad la influencia psicológica
que podrían tener los videojuegos a tan temprana edad, simplemente me dejaba
absorber por sus mundos.



Entrevistado 3 Sebastián Ramírez Troncoso:
Para mí era divertidísimo andar con el martillo. Lo encontré entre las herramientas de la casa, mientras me empeñaba en crear robots con tubos. En esa época recién se había entregado la población, y como la demás gente tardaría un poco en llegar, me dedicaba a deambular por las casas vacías. No tenían rejas y los patios pura tierra. Enterrando clavos, en filas ordenadas, mi alegría era inmensa por lo bien que quedaban. Siempre intentaba superarme: 13, 40, 102, perdí la cuenta. Obviamente, luego los iba sacando, pues mi propósito era hacer agujeros (algunos los hacía cerca de colonias de hormigas, para que tal vez los usaran de hogar).

Un día, casi a las cinco, mi padre fue a buscar un clavo. Extrañado por no hallar ni uno, miró al patio y los vió todos: enterrados en la tierra. Luego de un regaño por mi suciedad, tuve que quitarlos lo más rápido que pude. Si bien mi familia nunca se lo tomó mal, tampoco tan bien. Les parecía raro mi fascinación por ese "juguete"(al punto de dejarlo cerca de la cama o pasar tardes enteras con él). Aun cuando las casas se llenaron de gente y pusieron rejas y pavimentaron los patios (pese a que no tuve el espíritu aventurero de salir más allá de dos pasajes), el de nuestra casa y algunas muchas tenían tierra.
Cuando me hice amistades y entré a kínder, seguí con el martillo, aunque ya no podía hacer agujeros tanto. Apenas partir rocas pequeñas. Incluso un día dijeron que lleváramos un juguete que nos gustase y bueno... llevé el martillo, un niño golpeó la mesa dañándola y me retaron con cierta indulgencia.
La alegría por usarlo, la satisfacción por los resultados, el miedo a que alguien como constructor o profesora me lo quitara, son las emociones que aparecen instantáneamente a estos momentos. La sencillez y fuerza, que no se pareciera a ningún otro de los otros juguetes que se rompían fácil, me hacían verlo como algo casi milagroso.
Datos recogidos:
Es posible distinguir una clasificación entre dos entornos en los que se desarrollan estas infancias: rural y urbano. La entrevistada describe un pueblo pequeño, en la década de los 90', con sentido de unidad arraigada, donde la actividad comunitaria es activa y la familia - con una posición acomodada - tiene una presencia masiva. En cambio, en los espacios urbanos, los entrevistados - de la misma ciudad, Melipilla a mediados de los 2000'- hablan de la comunidad poblacional relativamente fragmentada (incluso corroída); en contextos de vulnerabilidad económica, las percepciones de amenaza y violencia son marcadas, y las familias - en forma tácita - son disfuncionales, por lo que la socialización entre "pares" adquiere -con matices- relevancia decisiva (a diferencia de la entrevistada, quien apenas lo menciona).
Dichos contextos producen modos de relacionarse con los objetos elegidos, con motivos y vías dispares: En el caso de la entrevistada, utilizar la cámara reafirma su identidad como parte de la familia, ya que la cámara siempre fue perteneciente a la cotidianidad y en momentos dignos del recuerdo sobretodo. En el primer entrevistado, la playstation dos es descubierta mediante sus amistades y su obtención le da un nuevo status, permitiéndole además entregarse a la fascinación de las historias y aprovechar el tiempo mientras llegaba su madre del trabajo (no lo dice directamente. Pero los horarios establecidos y el hecho de tener que pasar donde su abuela lo dan a entender). Y en el tercer entrevistado, el martillo representa una forma de hacer algo útil, de sentirse adaptado al medio, pues el proceso de urbanización implícito - sumado a la falta de amistades y sitios baldíos, aspectos destacables - vuelve al instrumento de uso "lógico"para congeniar en el mundo adulto y productivo. Para añadir, interesante es un anterior martillo de juguete, que parece ser el único juguete que poseía (pues en los otros juegos que describe, no hay objetos de esta índole en ninguna parte de su relato).
Volviendo a la familia, se muestran las convergencias y diferencias grandes. La presencia amplia, con referencias significativas de diversidad de sus integrantes, abundan en las entrevistas uno y dos -y curiosamente las alusiones al padre biológico son omitidas o resistidas- : ya sea en juegos, paseos, cenas, vacaciones, la rutina cotidiana completa. Pese a ello, cierta disfuncionalidad se nota en la segunda, por las carencias económicas y el ambiente hostil (la entrevistada tenía más atención y seguridad). En contraparte, en el tercer entrevistado, la familia se muestra más incomunicada y el niño se ve marginado en su niñez, sintiendo con extrañeza el mundo adulto. Por consecuencia, la socialización con sus amistades del barrio ejercen una poderosa influencia en la identidad, y termina viendo a su familia como una pura jerarquía de roles. Inclusive, al comentar las opiniones políticas de su padre y de su madre, responde que eran "muy viscerales"sin explicitarlas, distanciándose. Al decir que hablaban "aquí y allá" es un enmascaramiento eufemístico de su rechazo a las mismas (la entrevistada comparte las opiniones y las menciona íntegramente. El segundo entrevistado si bien no se adhiere, al menos las muestra). ¿Y los recuerdos en familia? Menciona con vaguedad apenas.
Dentro de las familias se ven tensiones importantes en cuanto maternidad. Por ejemplo, la figura de la madre recibe la mayor presión en cuanto a la necesidad de apego y a realizar tareas domésticas. En los tres casos, la madre se entrega esmeradamente: la entrevistada cuenta como su mamá abdicó a la carrera universitaria solo para estar con sus hijas. En el caso del entrevistado dos, debe compatibilizar el trabajo para sustentar junto con el cuidado de su hijo (ya que ha sido víctima de maltrato intrafamiliar). Finalmente, en el tercer entrevistado la madre se queda en casa con reducidas posibilidades económicas (a pesar de la vulnerabilidad en que viven).
Al llegar a las reflexiones, cada participante muestra el agradecimiento a su familia, aunque las observaciones que agregan son disimiles. La entrevistada asevera que tuvo una infancia feliz, inmejorable prácticamente, donde sus deseos eran satisfechos y con la calidez hogareña que recibía, con un tiempo y disposición hacia ella (pero puntualiza que esto le traería frustraciones futuras). El entrevistado segundo da hincapié en que vio "cosas que quizás no debería haber visto", episodios en la población de peligro - y no olvidar que menciona una escena de violencia entre su padre y su madre, que dejó a la nombrada sin poder trabajar- que provocaban miedo. El tercero, dice que no es "nostálgico de esa época" y que tenía recuerdos desagradables y difíciles (el asalto violento que presenció, el desempleo de su padre, la situación paupérrima, etc.) Su afán de volver en el tiempo su "yo actual" y hablarle a su "yo infantil" era para explicarle, mitigar el sentimiento de incomprensión y el temor del entorno poblacional, por el carácter internalista que daba a sus problemas - dice que aprendió a no exigir, a gastar lo justo... a no quejarse-.
Conclusiones:
Pese al pequeño cambio de paradigma propiciado por los nuevos discursos, sobre la condición de "minoridad" (Di lorio, Lenta y Hojman, 2011), donde los niños y las niñas son personas con derechos, y no seres irracionales incapaces de agencia, como históricamente se les ha hecho ver (Vergara, Peña, Chávez y Vergara, 2015), el adultocentrismo - es decir, un posicionamiento jerárquico a través del cual la sociedad es dominada por la gente adulta, subvalorando a la niñez, la adolescencia y la vejez- continua siendo el principal escollo para lograr el cometido. Es evidente como los contextos de desarrollo de estas infancias resultan altamente adultocentristas, donde la niñez se ve reducida a roles de obediencia, pero en variados grados: desde la entrevistada, que si bien le daban votos de confianza (por ejemplo, viajar sola al colegio desde temprana edad), siempre dentro del marco de la no conflictividad. En el entrevistado primero, aunque "participaba", si empezaba a molestar había que detenerlo (comprándole una playstation para que se quedase en casa, tomando a broma sus opiniones discrepantes, etc). El ultimo entrevistado se ve marginado y se limita a cumplir dentro de la estructura familiar.
Su invisibilización y resguardo, dinámica típica que se aplica para la infancia -también en la adolescencia- achacando incapacidades y peligros, funciona para evitar la acción relevante que trastoque el "mundo adulto". En consecuencia, las instituciones han moldeado un naturalización como un estadio a superar, para luego entrar en la adultez (Vergara, et al., 2015). Su potencial humano se ve en limitación. La libertad, las ideas emancipatorias se ven como aberraciones que rompen el rango de lo posible olvidando que dichas delimitaciones son artificiales producto de una compleja trama entre relaciones y significados de diversa índole (sociopolítica, económica, psicosocial, el catálogo es infinito).
En los - no se puede pasar por alto- relatos, el discurso de la presencia física y emocional de la madre para el desarrollo infantil como elemento constituyente indispensable (Calquin, 2016), la violencia intrafamiliar, las expectativas asfixiadas en lo doméstico, son las caracteríticas de la figura materna que se mueven en el radar de las exigencias patriacarles. Esta opresión demuestra su sistematicidad, y por ende, reproducción, pues el imaginario social arraigado en la tradición de la estructura familiar típica la sustenta.
La infancia más que ser un ciclo universal y natural se trata de una compleja construcción sociocultural con sus historias y sus definiciones (Burman como se citó en Calquin, 2016) . Los distintos condicionamientos que la han relegado a un eslabón de supuesta inferioridad por el adultocentrismo, impiden el desarrollo del potencial infantil de su incidencia en el "mundo adulto". Incluso, no por nada,"la psicología evolutiva moderna se inspiró en temas pragmáticos para clasificar, medir y regular, especialmente, aquellas poblaciones juzgadas como amenaza social para el orden establecido" (Burman, 1998, p32). Las perspectivas críticas son fundamentales para la re-lectura, también para el cambio de status, de la infancia: las relaciones de poder y de significados no pueden obviarse. Como se analizó en estas infancias, las complejidades subyacentes conforman la vivencia de las mismas: recuerdos a priori fútiles cobran nuevas conexiones quizás implícitas antes.
Referencias
Burman, E. (1998). La deconstrucción de la psicología evolutiva. Madrid: Visor.
Calquin, C. (2016). Apego e interfaces entre amor de madre, máquinas de cine y cibernéticas. Athenea Digital, 16(1), 305-325. doi: http://dx.doi.org/10.5565/rev/athenea.1687
Di Iorio, J., Lenta, M. & Hojman, G. (2011). Conceptualizaciones sobre la infancia. De la minoridad al interés superior del niño. Un estudio de las producciones científicas en psicología. Anuario de Investigaciones, XVIII( ),227-236. Recuperado de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=369139947024
Vergara, A., Peña, M., Chávez, P. & Vergara, E. (2015). Los niños como sujetos sociales: El aporte de los Nuevos Estudios Sociales de la infancia y el Análisis Crítico del Discurso. Psicoperspectivas, 14(1), 55-65. doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol14-Issue1-fulltext-544
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